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CUATRO DÍAS EN MÉXICO 0

Sábado 9 de julio.

Siempre había pensado que Lisboa era la ciudad con peores conductores del mundo. Desde ayer ese título lo ostenta con todo merecimiento México DF. En la larga hora y media que tardamos en salir de su laberinto de calles y avenidas el comité de bienvenida que ha venido a recogerme al aeropuerto Benito Juárez me ofrece un curso acelerado sobre cómo hay que conducir en esta alucinante megalópolis. Bajo una fina llovizna que ha convertido el asfalto en una peligrosa pista de patinaje practicamos un adelantamiento por la izquierda, nos saltamos un semáforo en un cruce de avenidas y acabamos atrapados en un kilométrico embotellamiento causado por un aparatoso accidente. La intervención de la policía no se hace esperar. Con un amplio despliegue de señales luminosas dan órdenes a todos los coches para que regresen por donde han venido, lo que produce un caos circulatorio aún mayor. Siguiendo las instrucciones de mi comité de bienvenida para combatir el jet lag me bebo media cerveza de un trago y me dejo llevar. Media hora más tarde, ya en la autopista que nos lleva hasta Toluca, pasar por delante del único bar museo del mundo dedicado al grupo Kiss me parece la cosa más normal del mundo.Por el momento, la única venganza de Moctezuma que he sufrido ha sido la larga hora y media que los pasajeros no mexicanos hemos tenido que esperar en el control de inmigración del aeropuerto.

Domingo 10 de julio.

Después de pasar todo el día en Metepec, un pueblo de construcciones de una sola planta y fachadas pintadas con llamativos colores, donde pruebo la garañona, un licor de hierbas con poderes afrodisíacos en una taberna conocida como El dos de abril, acabo en un chill out escuchando Miles Davis y conociendo la historia de Maria Sabina, una indigena de Oaxaca que durante los setenta se convirtió en una guía espiritual por sus conocimientos sobre plantas psicotrópicas. Pese a que a ella acudieron la flor y nata de la contracultura del momento, desde O´Leary hasta Jim Morrison, nunca cobró por sus servicios y vivió hasta sus últimos días en su humilde casa, bebiendo mescal y fumando Mota, que como aquí se conoce a la maria. Hoy el narcotráfico es uno de los pilares económicos de Mexico, pero lo sobrenatuiral sigue estando a la orden del día. Sin ir más lejos, esta manana en la taberna 2 de abril una de las acompañantes, un chica morena de nombre Esmeralda con quien apenas he cruzado diez frases en todo el día, me ha asegurado muy seriamente que la noche antes había sonado conmigo. Al principio pensé que se trataba de una forma de llamar mi atención, o de poner celoso a su acompañante, pero cuando le he pedido saber algo más me ha dejado con la palabra en la boca y he vuelto a mi garañona maldiciendo que sus comprobados efectos afrodisiacos no fueran mentira por una sola vez.

Lunes 11 de julio.

Los trescientos sesenta y cuatro escalones, la altitud y la radiación solar produce sorprendentes efectos en la cima de la Pirámide del Sol en Teotihuacan. Los visitantes, exhaustos, se arremolinan alrededor de un misterioso clavo de acero y extienden sus brazos hacia el cielo con los ojos cerrados. El profesor de historia que me acompaña me explica que se trata de una ceremonia litúrgica para llenarse de energia. Teotihuacan es una antigua ciudad construida por los tolomecos, una cultura prehispánica que desapareció novecientos años antes de que Hernán Cortés desembarcara en Veracruz. Irónicamente, de su pasado de invasiones y revoluciones, el mexicano ha heredado tal sentimiento de derrota que el grito de los aficionados para animar a su equipo en los estadios es "Si se puede", "Si se puede". Una última cosa, los badenes para moderar la circulación en carretera se conocen como Vibradores. Las señales informativas bien valdrían una fotografia. Vibradores 2000 m.

Martes 12 de julio.

Sólo en México puede existir una emisora de radio con el nombre de Neurótica F.M. Más singularidades: bicicleto, dícese de la persona que peladea por los dos lados, esto es, bisexual. Otro curioso erupto lingüístico: Suburbia, nombre del mejor centro comercial de Toluca, una ciudad cercana a DF en cuyo equipo de futbol militó Juan Antonio sos Macanudo Pizzi antes de que Joaquim Maria Puyal le reservara un lugar en la historia del barcelonismo con aquel inolvidabel qué bueno que viniste en la eliminatoria de Copa del Rey contra el Atlético de Madrid. El mexicano coloquial es como su gastronomía, pocos ingredientes pero una inagotable capacidad creativa. Ahí van varios ejemplos más: Universidad Inteligente, Jardines Surrealistas, Aeromozas (azafatas), o el tranquilizador lema de los conductores de la compañia de transportes más importante del estado de México: Antes muerto que llegar tarde. Un último ejemplo, que podría encajar perfectamente en el diálogo de alguna película de Jim Jarmusch. Vicente Jesus Vitorino es un otomí que conocemos en nuestro viaje a Querétaro, San Miguel de Allende y Guanajuato por la panamericana, la autopista que atraviesa el continente americano de punta a punta. Tiene sesenta años, la piel quemada por el sol y una curiosidad innata que le impulsa a preguntarnos si en España se habla el mismo idioma que él habla, que para mi sorpresa no es otro que el español. Luego nos cuenta la historia de un viaje que hizo a Ciudad Juarez hace ya muchos años buscando fortuna, y del que regresó al poco tiempo porque no supo entender a su jefe cuando le pidió una soda y dos burritos. Hoy Vicente ya sabe que lo que su jefe le pidió antes de despedirlo era una Coca Cola y dos tacos, pero sigue soñando con irse algún dia del poblado donde nos hemos detenido para comprar una cervezas, que aquí se llaman Chelas.

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